Sobre el Bien del Equipo
El mal no es más que el bien incomprendido. Maquiavelo dijo que es necesario conocer el camino al infierno para poder evitarlo. Nosotros lo conocimos el Sábado, o mejor dicho, desde hace unas cuantas semanas. Empezamos muy bien la temporada siendo una revolución en la categoría; un recién ascendido lideraba el grupo 11. Pero nuestra ambición se ha ido diluyendo. Corrijo: la hemos ido diluyendo. Seamos conscientes de que somos nosotros solamente los responsables de donde esté el equipo en Mayo. El equipo lo formamos un grupo que va desde el entrenador hasta los juveniles. Y lo que hagamos o dejemos de hacer es solamente responsabilidad nuestra. Hasta hace unas semanas veíamos de manera factible poder ganar el campeonato, las cosas se hacían como eran debidas; sin embargo el mencionado barco viró su rumbo. Desde entonces en este equipo ya no se hacen las cosas como las hace un equipo vencedor, un equipo que aspira a ser el mejor. Pero para ello es necesario que cada uno de sus jugadores aspire a ser el mejor. Otra cosa es que lo sea o lo consiga, pero la mentalidad de cada entreno ha de ser esa. Aún podemos enderezar el camino, pero ello no pasa por el partido del próximo Sábado, sino por el entrenamiento de hoy mismo. Hemos de recuperar la ambición, las ganas y la rectitud que se respiraban en los primeros entrenamientos de la temporada. Recuerdo al mister en los primeros días hablando sobre la competitividad que habría esta temporada por entrar en el once inicial y, por lo tanto, el reconocimiento y la responsabilidad que supondría el hecho de estar entre los once. Un reconocimiento y una responsabilidad que nos estamos pasando por el forro semana tras semana. Últimamente parece que las alineaciones se hagan no a partir de quien más trabaje en cada entreno y quien más se lo merezca, sino simplemente quien venga a entreno. ¿Es éste el ambiente de un equipo campeón? Yo no me lo creo. Cómo leí en un cartel medio tapado en un campo de mala muerte: El jugador (el buen jugador) debe entrenarse, no ser entrenado. En otras palabras, debemos tener la ambición día tras día de esforzarnos con el objetivo de mejorar, no debemos ser arrastrados a regañadientes por el entrenador. Si los jugadores no tenemos el espíritu de sacrificio y la voluntad de trabajar no sirve de nada el esfuerzo del entrenador. A un equipo competitivo no le molesta la idea de hacer 20 minutos de fárleg al principio de cada entreno porque es por el propio bien, para tener una condición física óptima y porque muy pocos equipos de la categoría lo hacen. Si lo hacemos lo hacemos al máximo. No me imagino a los jugadores del Alzamora (según la seriedad con la que se presentaron en nuestro campo) explicándose chistes mientras hacen físico, o hablando sobre culebrones personales, o metiéndose los unos con los otros. O mejor dicho, todos metiéndose con uno. Aunque lo hagamos en cachondeo con el tópico de añadir un poco de humor al ambiente, la verdad es que últimamente el ambiente se tensa en varias ocasiones. Si uno hace el fárleg como es debido, y nos dobla tropocientas veces le llamamos: “flipao!”, “motivao!”; mientras el resto arrastramos el culo como podemos. ¿Por qué? ¿Por querer ser el mejor? ¿Por querer superarse a sí mismo? Señores, ¿y de qué leches trata el deporte sino? Como rezaba una camiseta que llevaba Deco en una entrevista: VÉNCETE Y VENCERÁS. Solo cada uno de nosotros puede superarse a si mismo, nadie puedo hacerlo por nosotros. Ni el entrenador, ni los compañeros. Los mejores siempre son aquellos que van hasta el límite de sus posibilidades. Cuando pienso en esto me vienen a la cabeza personajes como: Amstrong, Michael Jordan, Muhamed Alí, David Meca, Puyol... Gente que grácias a su esfuerzo diario han conseguido lo que ninguna otra persona ha conseguido. Su ambición solo tenía una única meta: SER EL MEJOR. La misma ambición que tenía este equipo el 22 de Agosto; la misma ambición que necesitamos recuperar si queremos atrapar al Alzamora; la misma ambición que necesitamos recuperar para que el mister se rompa la cabeza haciendo las alineaciones; la misma ambición que necesitamos para que, sea quién sea que aparezca entre los once primeros no disminuya el nivel del equipo; la misma ambición PARA GANAR. Para ganarnos a nosotros mismo ya que si lo hacemos (día tras día) nadie más podrá conseguirlo. Nuestro mayor rival somos nosotros mismos. A quién tenemos que derrotar es a aquella vocecita interior que oímos mientras hacemos los circuitos de fuerza que nos dice: “No seas primo, para de hacer abdominales que el mister no está mirando!” Ya sabéis a lo que me refiero. También son inadmisibles para un equipo que aspira a ser campeón cosas como por ejemplo que mientras esperamos para hacer los ejercicios planifiquemos lo que se hará el Viernes por la noche mientras que el Sábado hay partido. O que luego lleguemos al partido de un Domingo por la mañana con el aliento apestando a vodka y unos ojos que nos delaten la falta de sueño. Y si no nos delatan ni el aliento ni los ojos, lo hace el resultado. Señores, tenemos solamente una oportunidad en cada partido para ganar 3 puntos. Cuando el árbitro pita el final se acabó. Es muy triste llegar al vestuario y pensar cosas como: “Mierda! Si hubiera descansado habría estado más atento en aquella jugada y abría podido alcanzar el rebote del palo. Hubiéramos marcado y habríamos ganado.” “Joder! Si hubiera saltado en el corner no nos habrían marcado.” “Me cago... si la hubiera pasado antes no me habrían quitado el balón.” No hace falta que ponga más ejemplos. Todos sabemos de lo que hablo. La rectitud y la disciplina son fundamentales en un equipo campeón. Todos somos lo suficientemente maduros para saberlo. El problema está en: ¿Queremos ser campeones? Si es así tenemos que ser todos, del primero al último, responsables de cada una de nuestras acciones dentro y fuera del campo. De lo contrario estamos engañándonos a nadie más que a nosotros mismos. Y es que lo peor que puede tener el hombre son contradicciones. El reflejo de esa disciplina creo que la encontramos en ambos porteros. Nunca había visto poner a ningún otro portero los puntos sobre las ies como ellos. Uno lo exterioriza más que el otro, pero ambos se exigen muchísimo a ellos mismos. Por eso cuando chutamos flojo o mal son los primeros en animarnos e incluso en retarnos a que chutemos como Dios manda. Por su autoexigencia también se enfadan como se enfadan cuando las cosas salen mal. Personalmente me da mucha confianza girarme, y ver a nuestro portero con el ceño fruncido, con cara de mala leche y gritando: “Aquí no entra ni Dios!”; “A ver quien tiene huevos de marcar un gol!”; etc. A veces les decimos que se tranquilicen, pero la verdad es que estaría bien que esas ganas nos las contagiasen ellos a nosotros. Seguro que otro gallo cantaría... Seguro que no acabaríamos los entrenos diciendo: “Vaya mierda de entreno, ¿para eso he venido?” Señores, somos nosotros los que hacemos ese entreno! Nos presentamos cada Lunes y Miércoles a las 21h en Montjuïc porque nos gusta el fútbol y porque nos divertimos. Pero metámonos en la cabeza que no hay diversión sin trabajo. No hay recompensa sin esfuerzo. Que en esta vida no hoy placer sin dolor. Entendámos ese dolor, ese mal para que nos reporte bienes futuros. Salgamos todos al campo con las mismas ganas. Que no tengan que tirar del carro un lateral, un juvenil y un delantero centro; y que los suplentes no sientan vergüenza ajena o rabia de ver como un gandul acomodado les quita el puesto. Tiremos todos de ese carro para que nadie pueda pararlo! Lamentablemente el pasado Sábado el carro no avanzó en el camino hacia el título ya que nadie tiró de él. Un equipo ganador juega de memoria, de manera ordenada. Es una máquina perfecta ya que cada una de las piezas encajan a la perfección y rinden al máximo. El otro día no jugamos ordenadamente. Nadie entró en el partido y perdimos los tres puntos. Unos tres puntos que no podemos recuperar. En partidos como este son los veteranos los que hemos de coger las riendas del equipo. Todos debemos estar al cien por cien, pero si no es así, los que tenemos más experiencia hemos de ser los que levantemos el ánimo del equipo. Esto lo hicieron muy bien dos de los capitanes mientras el otro procuraba que el equipo asentara la cabeza y la usara para jugar, no solo para rematar. Lástima que nadie de nosotros les hiciéramos caso... Según el esquema con el que jugamos hemos de ser conscientes también de la importancia del medio campo. Los cuatro jugadores que lo componen son los directores de la orquestra, ellos marcan el tempo del partido y ellos dirigen el orden de la obra. Si un día el equipo no está centrado, todos, pero en especial ellos, hemos de ser lo suficientemente maduros para mantener los pies en el suelo y tener la suficiente autoconfianza para levantar el partido. No nos ha de quemar el balón en los pies. Si no se puede avanzar no se pega un balonazo y que corra el extremo. Así es como juega un equipo de segunda regional y si queremos ganar no hemos de jugar como el resto. ¿O queremos ser un equipo de segunda regional? También es verdad que en según que momentos del partido podríamos poner el mediocampo en rombo, así habría una mejor conexión entre media y delantera, y se potenciaría el juego en corto en detrimento del “kick and run” que muchas veces acaba en pérdida de balón. Como dice Johan Cruyff: “si tu tienes el balón, el contrincante no lo tiene.” De ahí a que le diera tanta importancia a la conservación “del peloto”. Esto iría bien sobretodo en campos grandes como el del Sábado. Hemos de ser conscientes de la importancia de cada uno de nuestros movimientos, de que en cada momento podemos decidir el partido; y decidir el partido no quiere decir marcar gol, decidir un partido también quiere decir recuperar una pelota, iniciar una jugada, haciendo un pase hacia atrás, llevándose a la banda a su marcador para que un compañero entre con el balón desde la segunda línea... En fin, todas esas cosas que hacen del fútbol un deporte de equipo y que éste gana gracias al granito de arena de cada uno de sus componentes. Como he dicho, el balón no nos ha de quemar en los pies, tengamos autoconfianza y asumamos responsabilidades. Insisto, una vez más, en la trascendencia de cada una de las jugadas. Un buen ejemplo es el siguiente. Mucha gente llama “flipao” o “motivao” a Ronaldinho cuando se concentra antes de tirar una falta o un penalti. Él sabe de la importancia de esa jugada. Él sabe que es consciente que alomejor no tendrá una ocasión igual en todo el partido para decidirlo y ha de aprovecharla. Él sabe que debe prestar atención a cómo colocará los pies en cada uno de los pasos, el equilibrio que hará con los brazos, la inclinación de sus tobillos, el punto exacto por donde golpeara la bola y con que parte del pie lo hará... Él sabe la importancia de la armonía de cada uno y más mínimo de sus movimientos. Sabe que de su concentración depende un gol, un partido o un campeonato. Por eso se concentra como se concentra, por eso marca los goles que marca, por eso decide partidos como los decide, y por eso es el mejor jugador del mundo. En el equipo hay muy buenos lanzadores de faltas y si un día tras probar un par de lanzamientos vemos que no estamos finos deberíamos ser lo suficientemente responsables como para confiar en otro. De esta manera, si se marca gol es gracias al chute de uno y a la responsabilidad del otro. Todo por el bien del equipo. Lo mismo pasa con los córners y en definitiva con cualquier jugada. Si asumimos la responsabilidad es porque tenemos la convicción de que podemos realizar nuestro trabajo a la perfección en cualquier momento. Debemos tener presente que si a lo largo del partido no marcamos ni un gol es que la delantera y el medio campo, ofensivamente, lo han hecho todo mal. Así como si no nos marcan ningún gol la defensa (portero incluido) y el medio campo, defensivamente, lo han hecho todo bien. O si cada vez que el otro equipo llega y nos marca no hemos hecho nada bien; o si cada vez que llegamos, marcamos lo hacemos todo bien. El medio campo siempre pringa, para bien o para mal, de ahí su importancia en la táctica. Por eso mismo, cuando un delantero (por ejemplo) tiene la pelota en los pies ha de estar lo suficientemente concentrado para hacer lo correcto y que la jugada acabe en gol, suyo o de un compañero; o mejor dicho, para que acabe en gol del equipo. No tenemos que precipitarnos, ni abusar del regate, ni del pase largo. Últimas tendencias del equipo. Cada movimiento tiene que ser correcto y es que a quien no le guste la presión mejor que no se dedique a los grandes retos como el fútbol. Hemos de estar en el campo al cien por cien por el Bien del Equipo y demostrar porque estamos nosotros y no otro. Hemos de demostrar que somos los mejores. Para ello hemos de creerlo y realizar el máximo esfuerzo en cada momento. Y si un día no podemos, hemos de tener la máxima confianza en el equipo como para decirlo y que entre otro y pueda rendir al máximo, tal y como lo ha hecho últimamente una de las piezas básicas del esquema. Como dijo Platón: “Lo difícil en esta vida no es ser bueno, sino ser justo.”
Señores, estamos a Enero y no habrá nada decidido hasta Mayo. De nosotros depende lo que hagamos hasta entonces. Hemos de reflexionar sobre la importancia del fútbol en nuestras vidas y actuar en consecuencia. Debemos ser rectos con nuestros propósitos y asumir el grado máximo de responsabilidad con cada uno de nosotros mismos. Si nuestra elección es la de querer ganar hasta el final porque somos un equipo competitivo y queremos demostrar que no hay nadie mejor que nosotros en toda la liga tenemos que esforzarnos cada día. Exprimirnos al máximo, “conocernos a nosotros mismos” en el sentido de conocer nuestros límites. No hemos de cegarnos ante nuestras debilidades y centrarnos en mejorar. Aceptar las críticas como un bien. Hemos de ser observadores y hacer un poco de reflexión tras cada entreno para ver en que hemos fallado y procurar que no se repita. Hemos de ser lo suficientemente autoexigentes para ser el mejor cada día. Animarnos los unos a los otros en vez de meternos con los demás compañeros o con los demás adversarios. Muchas veces una crítica a un adversario no es más que la justificación “d’una mancança” propia. Cuando más noblemente presentemos a nuestro contrincante más grande será nuestra Victoria. Tengamos la ambición de trabajar al máximo cada día, de vencernos cada día y de complicarle las cosas al mister cada día. Un mister que tal y como vi el Sábado, es un buen padre. No se vosotros, pero yo añoro la competitividad de Agosto y Septiembre. Miremos a las críticas con buenos ojos, como ayudas que se nos ofrecen. Como dice el Maestro Eckhart (y que después Miguel Ángel dirá para expresar la belleza de sus esculturas): “todos tenemos un virtuoso dentro, tan solo hace falta quitar aquello que sobra.” Todos estamos en el mismo barco y cada uno de nosotros hace posible que avance. Viremos el timón hacia el rumbo de la Victoria.
En conclusón:
EL FÚTBOL ES UN DEPORTE DE EQUIPO.
PORQUE ESTE EQUIPO LO FORMAMOS TODOS.
PORQUE CUANDO PERDEMOS, PERDEMOS TODOS;
ASÍ COMO CUANDO GANAMOS, GANAMOS TODOS:
HÁGASE EL BIEN DEL EQUIPO.
Amén.
4 comentarios
big captain con caviar -
2º i jo avui portare espinilleres, pozito vas a pillar
3º si al final nos vamos a enrollar todos jejeje
Pajarito -
Sense allargarme massa, primer pq ja nhiha prou am lo escrit pel compi, i segon pq tot lo dit pel compi em sembla simplement perfecte, jo remarcaria q la principal causa del problema radica en els entrenos. On abans partiem espinilleres als partidets i ens dutxavem a la pica pq no hi havia espai per tots, ara es cendra i pols. Entrenos de 12 a 14 persones massa habituals, partits desmotivants on, u sento guillermo, no et guañes la titularitat, i massa broma i amistat. Amb competencia i motivacio juguem com els àngels, recuperemla.
Res mes, molt bon escrit socrates!
PD: gent q escrigui tant be dins lequip no nhiha tants...tinc les meves sospites...una sobretot.
big captain con caviar -
Anónimo -